Canarias exhibe su ‘foto fija’ en plena crisis de venta de prensa

“La gente cambia antes de religión que de periódico”. La frase es tan vieja como cierta. Y esas nueve palabras sirven perfectamente para explicar la evolución de la prensa canaria en la última década. La aparición de un par de diarios y la desaparición de otros tantos apenas ha cambiado las cifras de venta. Y la tónica se ha mantenido en 2004.

La prensa canaria ha cerrado el año 2004 con unas cifras de venta preocupantes. Se ha producido un descenso significativo en ambas provincias y sólo dos de las cabeceras que se editan diariamente en las islas cotizan al alza. La Provincia y El Día han experimentado en 2004 una ligerísima subida (apenas trescientas unidades diarias entre ambos rotativos) que no compensa la caída de más de dos mil quinientos ejemplares de sus competidores. Y ello, en una región en la que la población crece año tras año, al tiempo que eleva su nivel cultural (o al menos eso dicen las estadísticas) y su poder adquisitivo.

De hecho, una comparación con las cifras de hace una década invita al sonrojo. Porque los periódicos canarios venden ahora treinta mil ejemplares diarios menos que en 1993. Y todos los periódicos que existían antes y existen ahora han perdido lectores. La aparición de algunas cabeceras, La Opinión de Tenerife o La Tribuna de Las Palmas (ya desaparecida), no explica esta caída, pues por el camino se han ido rotativos como Jornada Deportiva o Diario de Las Palmas, últimos vestigios de prensa vespertina, cuyo nombre aún sobrevive dentro de sus hermanos mayores, El Día y La Provincia, pero que ya no existen como cabeceras independientes.

El adelanto tecnológico, que ha permitido a los periódicos nacionales llegar a los kioscos a la misma hora que las cabeceras canarias puede explicar la crisis de la prensa local. Porque las cifras de venta en Canarias de rotativos como Marca (14.750 ejemplares) o El País no es desdeñable. En cualquier caso, el mismo fenómeno de implantación territorial de los periódicos nacionales se da en toda España y hay comunidades como Navarra (584.374 habitantes), que sostienen dos periódicos como Diario de Navarra (61.538 ejemplares) y Diario de Noticias (16.620). O provincias como Guipúzcoa (617.942 habitantes), con rotativos como el Diario Vasco (91.204 ejemplares).

Una ‘guerra’ diferente

Canarias no ha sido ajena en 2004 a la guerra mediática que parece afectar a toda la prensa nacional. Eso sí, el origen de las batallitas canarias es muy singular y, además, diferente en ambas provincias. Aquí los periódicos no se arrean por cuestiones ideológicas porque, políticamente, no están tan definidos como a nivel nacional y la bronca PP-PSOE no se ha trasladado a los rotativos canarios como sí ocurre en el resto de España. En Canarias, las peleas, los insultos cruzados, las acusaciones de subvencionismo desde el poder político, las sugerencias al Gobierno para que deje de mimar a determinados medios o los comentarios editoriales, que ha habido de todo, tienen un origen mucho más prosaico.

En Las Palmas se trata, simplemente, de una pelea por el liderato entre dos cabeceras que desde hace más de una década viven -y viven muy bien- en un empate técnico. Y en Tenerife el objetivo no es otro que el de tratar de fidelizar al mayor número de lectores mediante el recurso del insularismo o del ataque al poderoso. Lo peor es que en esta guerra, como en casi todas las guerras, nadie gana y todos pierden. Y el conflicto mediático, que se ha recrudecido en 2004, llama a veces demasiado la atención y no deja ver el buen nivel general de los medios escritos canarios, que no tienen nada que envidiar a la mejor prensa regional que hay en España. Porque la realidad es esa: en Canarias cada vez se hacen mejores diarios (técnica y periodísticamente), pero cada año se venden menos.

P.D. Las últimas cifras del EGM no merecen siquiera ser analizadas porque sólo demuestran que en Canarias (y sobre todo en Tenerife), además de leer poco, se miente mucho. Porque que aparezcan 400.000 lectores diarios de prensa tinerfeña (cuando apenas se venden cuarenta mil ejemplares) es un insulto a la inteligencia. Vamos, que si alguien compra un periódico y se lo lleva a casa, el siguiente ejemplar tiene que ser leído por ¡veinte personas! para mantener la media.

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