Del éxito de la distribución al ‘control’ del gasto farmacéutico

La distribución farmacéutica es un elemento casi desconocido en el mundo socio-económico de las islas. Sin embargo, su labor es imprescindible en el acceso de la población a cualquier tipo de medicamento en su oficina de farmacia. Casi tanto como necesario es el control del gasto farmacéutico, uno de los objetivos primordiales de todas las administraciones públicas.

Canarias carece de laboratorios farmacéuticos, pero cualquier ciudadano de las islas, residente o visitante, está en disposición de recibir una atención farmacéutica al mas alto nivel, sin importar su ubicación rural o urbana, ni su condición económica o social o su estancia en una isla menor o capitalina. En cualquiera de las 702 oficinas de farmacia existentes en Canarias se recibe al menos un servicio diario (y, en muchos casos, hay dos o tres repartos al día) de medicamentos desde el centro de distribución farmacéutica elegido. En este campo, el de la distribución farmacéutica, Canarias ha dejado de pagar el precio de la insularidad y sus ciudadanos -a través de las farnacias- reciben un trato similar al que se ofrece en la España peninsular.

La distribución farmacéutica, que en 2004 tuvo un volumen de ventas cercano a los cuatrocientos cincuenta millones de euros, nació a finales de los años veinte en Tenerife y a mediados de los treinta en Gran Canaria, cuando surgieron las primeras asociaciones de farmacéuticos, bien como sociedades anónimas o como cooperativas, para paliar la distancia con los laboratorios peninsulares y las irregularidades de suministro. Así, se crearon unos depósitos reguladores de especialidades ya elaboradas, que ya entonces iban desplazando a las fórmulas magistrales de preparación personalizada. Se fundan en esa época el Centro Farmacéutico de Tenerife y la Coopertiva Farmacéutica Canaria (Cofarca) en cada una de las dos provincias como principales abastecedores de especialidades, materias primas y otros productos sanitarios.

Más tarde, en 1965, se crea la Cooperativa Farmacéutica de Tenerife (Cofarte) y, recientemente, el Centro Farmacéutico ha sido absorbido por Cofares, una cooperativa de implantación nacional. En la actualidad coexisten con estas empresas de capital farmacéutico y canario otras de capital privado, tanto nacional como europeo, aunque más del 90% del servicio es suministrado por las dos cooperativas farmacéuticas (Cofarca y Cofarte), que cerraron 2004 con unas ventas netas de 403,4 millones de euros. Y todo ello, en un subsector que genera unos 325 empleos directos y que tiene unos gastos de personal de diez millones de euros, amén de unos gastos de transporte (más de tres millones de kilómetros recorridos en 57 rutas diferentes, sólo en Canarias) de más de dos millones y medio de euros.

Además de servir unas 68 millones de unidades anuales a sus asociados (con un precio medio algo inferior a los siete euros cada una), los centros de distribución farmacéutica también prestan servicios de logística inversa: devolución de medicamentos caducados, deteriorados o inmovilizados por estar suspendida su comercialización, recuperación y reciclaje de medicamentos y sus envases usados. Y no olvidan facilitar a los farmacéuticos una formación continuada en el plano científico con cursos de actualización sanitaria, así como en el terreno profesional, con seminarios de gestión empresarial o una introducción de programas informáticos específicos.

El gasto farmacéutico

El gasto farmacéutico ha dejado de ser en 2004 una de las principales lacras de la sanidad canaria… aunque aún queda camino por recorrer para aprobar definitivamente esta asignatura. Es cierto que en 2004 Canarias presentó un gasto por habitante (209 euros) inferior a la media nacional, pero la cifra total, casi cuatrocientos millones de euros, asusta por su magnitud. Además, se ha corregido en parte la tendencia alcista mostrada el año anterior, el 2003, cuando el Archipiélago cerró el ejercicio con una subida del 15,88% respecto a 2002, que fue la máxima a nivel nacional. Tras esa explosión, la subida en 2004 fue sólo del 8,41%, muy superior a la media nacional (6,40%), pero dentro de unos límites asumibles. Y aunque la contención en el gasto farmacéutico ha permitido que este asunto deje de ocupar titulares, aún es preciso tomar algunas medidas para corregir todas las deficiencias. Además del recurso ya planteado desde hace años de invitar a una mayor prescripción de medicamentos genéricos, el ejemplo de Castilla La Mancha no debería ser desechado. Allí han logrado, con un control exquisito entre los diferentes estamentos (médicos, hospitales, Seguridad Social, etc) evitar el fraude y el error. O lo que es lo mismo: recetar medicamentos que no son para el consumo del paciente que acude a la consulta y recetar el mismo medicamento por duplicado o sin que haya pasado el tiempo preciso para que se hubiera consumido la dosis recetada en la visita anterior.

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