Periodismo: 220 años de una expresión esencial de la cultura

La estructuración de la historia del Periodismo en dos grandes periodos, el primero hasta mediado el siglo XIX y el segundo a partir de entonces, con la que suelen despacharse a gusto los historiadores, no vale para Canarias. De hecho, hasta bien entrado el siglo XX la prensa insular no ofrece características similares a la de los diarios peninsulares

Así como el Archipiélago mantuvo durante casi cinco siglos otro ritmo, más lento, y un sistema de relaciones sociopolíticas y culturales en cierta medida diferente al de la comunidad en la que está integrado desde el siglo XV, la prensa insular no ofrece hasta bien entrado el siglo XX características similares ni parecido comportamiento al de la prensa peninsular. Hasta casi finales del XIX, Canarias vive desconectada de la actualidad, incluso entre islas. El servicio telegráfico comienza a funcionar aquí muy tarde, en 1883. La comunicación con el exterior sólo se realiza mediante navíos movidos a vela -los posteriores barcos a carbón y a vapor apenas modificarán el panorama- sometidos a contingencias diversas, unas de tipo natural, como el estado de la mar y el ritmo de los vientos, y otras de carácter político o social, como guerras, pactos y alianzas de Estado, así como la amenaza frecuente de piratas, corsarios y bucaneros.

En la historia del archipiélago canario son frecuentes hasta época tardía los periodos de soledad y de aislamiento absoluto del mundo exterior, y constante el desfase entre los acontecimientos que se producen fuera de las islas y la noticia que llega de ellos. La prensa insular no se sustenta sino muy tarde en el hecho informativo. El protagonismo de la noticia comienza en Canarias casi con el siglo XX, y de manera paulatina. Si hemos de creer a Julián Cirilo Moreno Ramos [El periodismo de entonces], la información como tal hasta se desdeñaba, apenas despertaba interés, era un ingrediente secundario del periódico, al que apenas se le prestaba mayor atención. Privaba la opinión, la crítica y el comentario político. Los periódicos del XIX y primeras décadas del XX responden a exigencias, más cercanas, de la sociedad canaria.

Es cierto que desde al menos el siglo XVIII hubo, como antes en otras latitudes, un primitivo y elemental periodismo manuscrito, del que han quedado algunos vestigios de interés, útiles para conocer el concepto y el alcance de lo noticiable en los círculos humanos a los que iba dirigido. Pero esta práctica, que se mantuvo en algunas islas todavía en pleno siglo XX, e incluso tuvo rebrotes tardíos muy interesantes, por motivos políticos, cuenta poco para explicar la evolución del periodismo en Canarias, dadas sus limitaciones. La lucha de las dos islas centrales por la hegemonía política del archipiélago, junto con el afán de partidos, grupos y hasta subgrupos políticos e ideológicos para contar, como decía Rodríguez Doreste, con su “tornavoz” independiente, explica el alto número de publicaciones periódicas que nacen y desaparecen con rapidez en las islas.

En 1887, por ejemplo, Canarias era la sexta provincia española por número de periódicos. Casi todos ellos, por no decir todos, estarán condicionados, de una forma u otra y con mayor o menor intensidad, desde comienzos del siglo XIX, por el denominado pleito insular, fenómeno que, pese a la enorme transformación que el periodismo canario ha experimentado desde el último tercio del siglo XX, no ha desaparecido por completo. Desde que se publicó en las islas el primer periódico, el Semanario Enciclopédico Elementar (sic), impreso en La Laguna (Tenerife) en 1785 por el comandante de Ingenieros Andrés Amat de Tortosa, han transcurrido hasta el momento actual doscientos veinte años.

A lo largo de este tiempo, el periodismo canario ha ido transformándose y perdiendo de forma paulatina las peculiaridades derivadas del hecho insular, del aislamiento y de la especial agresividad y la arbitrariedad política con que lo trataron durante largos periodos de tiempo los poderes públicos y caciquiles, en favor de una progresiva modernización, tanto de los equipos humanos de dirección y redacción como industrial, lo que sitúa en la actualidad a la prensa de Canarias en un digno lugar dentro del panorama general de la prensa española contemporánea.

En el año en que se cumple un siglo de la aparición del primer trabajo importante de investigación sobre la prensa del archipiélago, Los periódicos de las Islas Canarias. Apuntes para un catálogo de Luis Maffiotte La Roche, publicado en Madrid entre 1905 y 1907, primero como folletón en el periódico de Ricardo Ruiz Benítez de Lugo Las Canarias y Nuestras Posesiones Africanas y reunidos luego en tres tomos, es momento para mirar hacia atrás y contemplar la amplia elipse trazada por el periodismo insular en estos algo más de doscientos años, su decidida contribución a la cultura del archipiélago en cuanto eran los periódicos el único escaparate a mano que tuvieron la mayoría de los escritores canarios para mostrar y difundir su obra; la trascendencia de su participación en la historia insular, como escenario del que se valieron políticos y periodistas en el pleito canario; y como palestra en la que, incluso hasta tiempos recientes, lucharon los mejores periodistas frente a la tiranía, el totalitarismo, la injusticia social y en favor de la democracia y de la dignificación del país canario en todos los frentes.

Es momento también para destacar la personalidad de Luis Maffiotte [1862-1937], periodista canario de raza, escritor y lector impenitente y bibliófilo de prestigio en su tiempo. Era amigo fraternal de Patricio Estévanez y Murphy, patriarca del periodismo canario del siglo XX y director de La Ilustración de Canarias y de Diario de Tenerife, para los que le enviaba habitualmente desde Madrid jugosas crónicas, que firmaba con el seudónimo Ortiguilla. A su esfuerzo y a su dedicación intelectual, en tiempos de limitaciones a veces insalvables, le debemos el primer trabajo amplio sobre el periodismo insular, un catálogo que ha sido fuente de conocimiento y la base sobre la que se han sustentado todos los estudios posteriores sobre esta expresión fundamental de la cultura canaria.

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